miércoles, 26 de julio de 2017

El cuervo a través del cristal, Carlos Meneses


Año: 2017
Editorial: Sloper
Páginas: 218
Valoración: 📚📚📚📚

La escritura de Carlos Meneses (Mallorca, 1969) que había tenido ocasión de conocer hasta hora, gracias a Sabor a proteína humana, era una de esas libres y sin ataduras –y en la libertad tiene el encanto–, que en El cuervo a través del cristal ha sabido mantenerse fiel a su freestyle sin perder un metro de vuelo. Se trata de una novela policíaca que parece más negra que de polis, y que si algo no conoce es la censura.

Carlos Meneses Nebot escribe sobre la mala investigación policial y no precisamente porque sea deficiente. Víctor Aguirre es el inspector encargado de llevar el caso de un chapero muerto mientras ejercía su profesión en la casa de un acomodado matrimonio, y no dudará en actuar sin escrúpulos, tanto si ese proceder como si no, facilitará el esclarecimiento del crimen.

Con el transcurso de las páginas del libro, a la muerte del prostituto se le suman unas cuantas más de otros miembros pertenecientes a los bajos estratos de la ciudad. Nada de extrañar cuando la realidad que tenemos en frente es la de un asesino en serie. En medio de esta vorágine, Víctor Aguirre conoce a Sabrina Arminio, que es sospechosa y una bomba sexual por la que el inspector quedará prendado desde el primer momento. El empecinamiento de Víctor Aguirre por ella, lejos de dificultar la investigación, la facilitará hasta límites insospechados.

Carlos Meneses en El cuervo a través del cristal es capaz de escribir el arte del crimen con la misma maestría que la ciencia ficción en Sabor a proteína humana, y aunque la conducta de su inspector pueda recordar a la de Santiago Segura en las películas de Torrente, Víctor Aguirre tiene la genuidad intrínseca que las letras de Meneses pueden conferir a un personaje.

No voy a negar que a Meneses me gusta verlo en camisas distintas a la novela negra, pero me sucede con todos los autores. Lo que sí que no empaña la decisión de género tomada para esta novela, es la certeza de que el mallorquín es uno de los mejores escritores españoles del momento.


Jesús Rojas

Carlos Meneses Nebot

martes, 25 de julio de 2017

Nadando a casa, Deborah Levy

Año: 2015
Editorial: Siruela
Páginas: 164
Valoración: 📚📚📚📚

Anuncié la llegada de la reseña de esta novela en un especial veraniego de melibro, diciendo que su portada no podía ser más estival, y así ha sido también por dentro.

Como lo que ocurre en el post «El día de hoy en un libro» del famoso foro literario, me he sentido al encontrarme leyendo Nadando a casa de Deborah Levy (Sudáfrica, 1959). Según avanzaba sus páginas, me iban hablando de un julio vacacional en un retiro de Europa Occidental, que al mismo tiempo iba viviendo yo, de forma más cálida, a orillas del Mediterráneo. Y es que, orígenes sudafricanos aparte, me ha resultado una novela muy nuestra, europea.

La fisionomía anglosajona de Deborah Levy que pude apreciar en la solapa de la encuadernación nada más abrir el libro, hacían presagiar el rezume de una cultura inglesa por doquier, y así fue.

En un complejo turístico de idílica belleza de la Galia, existe, en los atemporales años 90, un lugar de aislamiento para un escritor de fama y acaudalado. Allí, en ese entorno que el lector imaginará setentón sino anterior, anacrónico en cualquier caso, ese julio no va a ser uno cualquiera. Una extraña aparición en la piscina lo cambiará todo. La chica desnuda que emergerá, se hará la tímida sólo al principio.

Deborah Levy ha pretendido concebir una situación verosímil. Ciertamente creíble dispensando la locura atribuida a Kitty, la chica de la piscina, pero lo imaginado no ha sido una realidad, sino una utopía. Kity Finch hace una barbaridad por acercarse a un ídolo, es toda una fan, y lo único que lamento es que el fanatismo por un escritor apenas ocurre fuera de la ficción.

En el europeísmo, Deborah Levy también lleva el conservadurismo, pues, yo creo que para bien, no ha inventado nada, ni se ha enredado en esmeradas (y molestas a veces) descripciones. Ha procurado una narración fácil y directa, aunque con más argumentos para ser disfrutada cuanto más instruido sea el lector. Le ha salido una novela veraniega y resultona, ideal para estos días de calor.


Jesús Rojas

Deborah Levy



lunes, 24 de julio de 2017

Las lágrimas de Claire Jones, Berna González Harbour


Año: 2017
Editorial: Destino
Páginas: 350
Valoración: 📚📚

Escribía hace no muchas reseñas recuperadas en Relibro que «cuando un lector como yo lee, en estos años que corren, novela negra, quiere encontrar algo diferente». Sin embargo, en Las lágrimas de Claire Jones no lo he encontrado.

Berna González Harbour (Santander, 1965) plantea una novela negra de catálogo con un fuerte olor al subgénero del femicrime que autoras como Alicia Giménez Bartlett y Dolores Redondo han popularizado. Aunque, en este caso, afortunadamente, en su lectura, no se me han presentado los fantasmas del aburrimiento que me impidieron terminar de leer Nadie quiere saber.

La comisaria María Ruiz –nombre «sencillote» en comparación con Petra Delicado y Amaia Salazar– lidera una saga que suma tres novelas con Las lágrimas de Claire Jones, y que no conocer sus antecesoras no impide la compresión de esta. De hecho, yo, que no me documenté lo necesario antes de empezar a leerla, no tuve dificultad en entenderla desde el principio, y si no llega a ser por vagas referencias durante el transcurso de la novela al resto de la colección, no me habría percatado de la existencia de una saga.

Además de un caso añejo llamado Limorti que debió tener relevancia en los libros anteriores –y del que apenas habrá avances en este–, la trama se centra en el fortuito hallazgo de un cuerpo sin vida en el maletero de un coche aparcado en Santander. Junto a él, en el mismo vehículo, reposa un ejemplar del diario Times del 15 de octubre de 1998 con una noticia recortada.

Ese último recurso me ha gustado, y además ha sido muy bien aprovechado. Berna González le da un toque noventero a la novela desde el principio, y también incluye saltos en el tiempo que nos remonta a fechas anteriores. Tipifica, para estos contextos temporales, a sus personajes con etiquetas de malos y buenos, y los cándidos, como es habitual, son los que más sufren.

Le voy a dar dos montoncitos de libros a la novela en su valoración, porque os puedo asegurar que dentro del subgénero del femicrime es lo más potable que se está publicando en España, pero si no eres seguidor de la novela negra y lo único que sucede es que a veces caes en la tentación de leerla por la pegada que está teniendo, Las lágrimas de Claire Jones no es tu libro pues es más negro que un tizón.



Jesús Rojas

viernes, 21 de julio de 2017

La desaparición del paisaje, Maximiliano Barrientos



Año: 2015
Editorial: Periférica
Páginas: 272
Valoración: 📚📚📚📚📚

Stieg Larsson tuvo, entre otros infortunios, presenciar una agresión sexual a muy temprana edad que marcó el resto de su vida. Consecuencia de ello fue encontrar en la famosa trilogía del sueco a su inmadura coprotagonista, rebelde sin causa, cuyas acciones y actitudes traspasaron lo ridículo y absurdo. Pero esa ya es otra historia.

Maximiliano Barrientos (Bolivia, 1979), a diferencia del bestsellero póstumo escandinavo, sí es capaz de argumentar difíciles comportamientos humanos.

La desaparición del paisaje tiene como punto de partida una altruista venganza, apetitosa, muchos años después de una violación. Hombres que quieren pelear, romper cosas y humillar a otros para sentirse sólidos por dentro, provocan una melé y tantas como sus puños necesiten para saciarse. Sin tener más argumentos que esos, un pendenciero combatiente se cree en el derecho de originar infinidad de trifulcas. Vitor, el protagonista de la novela, así lo piensa y ejecuta. Su psicología queda confundida por la de cualquier vulgar camorrista de taberna.

Aunque en esta novela boliviana de peleas al más puro estilo western, también es tratado el sentimiento más adverso que puede existir al odio: el amor.

Decía otro sudamericano, cierto que de origen francés, Carlos Gardel, en una de sus más conocidas canciones, Volver, que «siempre se vuelve al primer amor». El peleón Vitor, en su pugilística vida, tiene hueco para las mujeres, y no es por eso, en absoluto, un mujeriego. Sólo es hombre de una de ellas, y el destino, después de separarles, tendrá el detalle de volverlos a acercar. Este tema, como el de las refriegas, es atendido sin ñoñerías. La desaparición del paisaje en ningún momento es una historia dura. Cruel, incluso.

La novela me ha recordado a películas del Nuevo Mundo Latino de paredes cochambrosas mal iluminadas en casas habitadas por actores humildemente vestidos con ropas de verano. Filmes que con frecuencia aparecen nominados en los Goyas en la sección de mejor película hispanoamericana, y cuyas secuencias enseñadas en la gala son las únicas que veremos de ellas. Producciones que habitualmente cuestan llegar al receptor, -al igual que esta novela, que aún no se ha publicado en su Bolivia natal-, y que forman un todo artístico altamente recomendable. Parte de nuestra cultura.


Jesús Rojas

Maximiliano Barrientos

jueves, 20 de julio de 2017

Un circo pasa, Patrick Modiano



Año: 2013
Editorial: Cabaret Voltaire
Páginas: 184
Traducción: Adoración Elvira Rodríguez
Valoración: 📚📚📚📚

Esta novela es Modiano en estado puro, un encuentro con las obsesiones de un autor del que se ha dicho que siempre escribe lo mismo, y a lo que él contestó en una entrevista hace ya varios años: «Ya me he dado cuenta de que me repito: siempre es alguien que busca a alguien. Siempre es así. Y siempre es inconsciente».

Jean espera a Gisèle a la salida de comisaría, donde ha sido previamente interrogado al igual que ella. No se conocen de nada, pero desde este momento no se separan. Más que a la búsqueda de Gisèle, lo que le interesa al narrador y protagonista de la historia es saber el pasado y las circunstancias que rodean a esta. ¿Por qué todas sus cosas andan repartidas por distintos domicilios de las calles de París? ¿Por qué delante de sus amigos deben fingir que son hermanos?

El lector no solo se enfrenta a las dudas y temores del joven acerca de la enigmática Gisèle, sino a aquellas que surgen de la narración a jirones del propio Jean sobre sí mismo: abandonado a su suerte por sus padres, habita un piso prácticamente vacío junto a Grabley, un amigo de su padre que observa sus idas y venidas con la chica. El cuadro de personajes lo completan Jacques de Bavière y Ansart, conocidos de la joven y con los cuales empezará a relacionarse sin saber muy bien a qué atenerse.

En el horizonte de ambos un objetivo común entre tanta incertidumbre: , para empezar de cero, dejando el pasado atrás para ser otros o, al menos, intentarlo.

Y por supuesto, París, siempre París, en este caso el de principios de los años sesenta. Sus calles, plazas y cafés, la geografía de una ciudad que, al menos para Modiano, siempre encierra una historia que merece la pena contar. Y para ello, el autor hace uso de una prosa construida a base de frases cortas, alejada de todo lo barroco, para crear esos ambientes donde la realidad y el sueño se desdibujan, confunden sus límites, generando más preguntas que respuestas.

Un circo pasa fue escrita por Modiano en 1992, antes que Dora Bruder (1997), Un pedigrí (2002) o En el café de la juventud perdida (2007), todas ellas publicadas en España. Cabaret Voltaire recupera esta obra del autor francés (Premio Nobel en 2014) inédita en español, como ya hizo con la anterior Barrio Perdido. Los adictos a Modiano confiamos en que la tarea continúe porque no nos cansamos de vagar por las calles de París acompañados de todos los fantasmas que pueblan el universo del escritor francés.

Ana Doménech