lunes, 20 de febrero de 2017

Empire Falls, Richard Russo


Año: 2003
Editorial: Booket
Páginas: 592
Valoración:📚📚📚

Richard Russo es para mí el gran narrador de la Norteamérica media. Se puede argumentar que su Norteamérica es parcial, incompleta, que excluye a colectivos imprescindibles (negros, hispanos, asiáticos) y que se centra solo en comunidades blancas de zonas industriales en dulce declive. Siendo todo eso cierto, ello no le impide crear personajes complejos e historias corales como sinfonías, con múltiples ramificaciones que forman un gran todo.

Empire Falls es ese tipo de historia agridulce, en apariencia suave y delicada, a veces dura, con frecuencia triste y llena de los defectos y lamentaciones, que la mayoría de las personas afrontan.

El personaje principal, Miles Roby, regenta un restaurante en Empire Falls (Maine, costa este de EEUU), donde la vida transcurre sin grandes acontecimientos. Se está divorciando, el negocio apenas da dinero y su principal alegría es su hija Tick.

En Empire Falls, Russo trata varios temas difíciles (homosexualidad en el sacerdocio, malos tratos, el uso de armas…) de una manera elegante, dejando que la historia muestre su punto de vista pero sin convertirla en un panfleto.

Hace un año leí Ni un pelo de tonto, otra novela de Russo, y no puedo evitar compararlas. Ambas utilizan el mismo tipo de personaje central (Miles Roby en Empire Falls, Sully en Ni un pelo de tonto) como columna vertebral de la historia; el nodo en el que confluyen todos los pequeños argumentos. Pero mientras que Sully es, en mi opinión, más rico como ser humano (noble pero violento, de buenas intenciones pero testarudo hasta el sinsentido), Miles es irritante en su bonhomía. Admito que este contraste influye, y mucho, en mi opinión de Empire Falls.

En cuanto a Empire Falls en sí, la historia tarda en ganar fuerza, es lenta para luego acelerarse, y alcanza el desenlace con algo de precipitación.

No voy a incluir un spoiler por supuesto, pero sí quiero resaltar el epílogo del libro. Tiene la intensidad y crudeza que falta en el resto de la novela. Es una pena tener que esperar al final para disfrutar de un pasaje escrito con tanta elegancia.


Es un libro correcto. Fue Premio Pulitzer.


José Luis Conde

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