jueves, 16 de febrero de 2017

Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson



Año: 2017 (segunda edición)
Editorial: Minúscula
Páginas: 208
Traducción: Paula Kuffer
Valoración: 📚📚📚📚📚

Las hermanas Merricat y Constance viven junto a su viejo tío Julian en la casa familiar que siempre ha sido el hogar de los Blackwood. Apartados del pueblo, ajenos casi por completo a lo que sucede más allá de las paredes de la casa, esconden un crimen que sucedió hace seis años, en el que murieron envenenados el resto de miembros de la familia Blackwood.

Narrada en primera persona por la joven Merricat, Siempre hemos vivido en el castillo sumerge al lector, desde la primera página, en un ambiente siniestro y gris donde la fatalidad sucede dentro de las paredes de la vieja casa. Merricat observa y juzga cuanto sucede a su alrededor, expone sin ambages sus opiniones afiladas: «En este pueblo los hombres se mantenían jóvenes y se dedicaban al chismorreo, mientras que las mujeres envejecían con un maligno cansancio gris esperando en silencio a que los hombres se levantasen y regresaran a casa».

Shirley Jackson traza con maestría los tres personajes y la relación entre ellos: la asilvestrada Merricat,  la paciente Constance y el enfermo tío Julian, atado de por vida a una silla de ruedas. Instalados en sus pequeñas rutinas cotidianas, su vida queda pautada por las comidas que prepara Constance con todo su empeño. La visita de una vecina que acude a tomar él te, junto con los obligados viajes de Merricat al pueblo, constituyen la totalidad de la vida social y su único contacto con la realidad, más allá de su universo familiar.

Pero la existencia apacible y apartada que las dos jóvenes y su tío disfrutan en la casa, se verá súbitamente interrumpida debido a la visita del primo Charles. Merricat, que detesta los cambios, se sentirá amenazada por este incómodo inquilino que tratará de imponerse y de sacar provecho económico, sin éxito, de la mermada familia. Merricat pondrá todo de su parte para conseguir que Charles desaparezca de sus vidas, aunque para ello deba valerse de los recursos más perversos. Porque Merricat tiene algo de bruja, algo de salvaje, algo de loca sádica. Una mezcla que está presente en sus acciones.


Shirley Jackson (EEUU, 1916-1965) está considerada como una autora fundamental dentro de la literatura gótica de suspense. Siempre hemos vivido en el castillo, publicada por la editorial Minúscula, incluye un interesante epílogo escrito por Joyce Carol Oates donde la escritora ahonda en los significados profundos de los elementos empleados por la autora estadounidense para construir su novela.

Siempre hemos vivido en el castillo sorprende con un final «feliz» que deja al lector entre la sonrisa y la mueca. Casi nada.


Ana Doménech

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