viernes, 10 de marzo de 2017

Última estación, Hugo Amblar



Año: 2015
Editorial: Atlantis
Páginas: 147 páginas
Valoración: 📚📚📚

Ahora que está tan de moda, si los lectores del momento buscan negra, tienen en Última estación una novela muy oscura. El arte del crimen aparece, y lo hace en más de una faceta.

Su autor es Hugo Amblar (Madrid, 1969), y aunque pueda resultar un desconocido, tiene escritas dos novelas más que lo avalan. En Última estación se nota su experiencia, e hilvana los pasajes de manera magistral, acompañados de un ritmo que no desfallece en ningún momento. Además, combina estas dos virtudes con otra aún más atractiva para los lectores, como es la de no engordar la narración con detalles insignificantes.

La historia transcurre en una comarca inventada de nuestra geografía en el año 1923; una información poco relevante para el libro, pues quitando algún detalle muy años veinte en la vestimenta de la protagonista, bien podría haberse desarrollado la novela en otro tiempo. Por lo que la ambientación tal vez no sea su fuerte, pero tiene otros encantos.

La historia empieza en ese lugar misterioso al que Hugo Amblar nos ha querido llevar, donde una joven protagonista quedará encerrada entre las imaginarias paredes que delimitan las poblaciones. Ella no podrá salir de allí, y nosotros, en cierta manera, tampoco. Un delito se está cometiendo, y eso es lo único que sabemos de él.

El enigmático sitio alimenta al mismo tiempo una novela negra y una de misterio. Al final todo se reducirá a la maldad masculina; causa a la que achaco la existencia de gran parte de este género. Última estación podría haberse titulado, y con más argumentos que la novela sueca, Los hombres que no amaban a las mujeres.

Tiene su parte inverosímil en varios trances, pero su lectura no es en ningún caso desalentadora, más bien al contrario. Este viernes lo he leído y ha pasado a engordar el selecto grupo de novelas que leí en un día. En él se encuentran títulos como Tan veloz como el deseo, Memorias de mis putas tristes y El hombre que arreglaba las bicicletas. Así que, no tengo más que un buen balance para Última estación.

Sí, ya sé que estoy escribiendo en caliente redactándolo el mismo viernes, pero ahí está el record.

Jesús Rojas


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