viernes, 7 de abril de 2017

Un peso en el mundo, José María Guelbenzu


Año: 2015 (reedición en Siruela)
Editorial: Siruela
Páginas: 224
Valoración: 📚📚📚

Es una suerte que una editorial como Siruela decidiera reeditar Un peso en el mundo de José María Guelbenzu (Madrid, 1944). En marzo hizo dos años que volviera al estante de novedades de las librerías una de las novelas que en su momento sirvió de colofón final al, añorado y agradecido por las letras españolas, siglo XX.

El planteamiento tan frecuente en la vida cotidiana, y recurrido en alguna que otra novela clásica y best seller contemporáneo, de pedir consejo ante dudas existenciales o cualquier otra incertidumbre a un instruido en distintos conocimientos, es el desarrollado por José María Guelbenzu en lo que ha sido una de sus novelas más importantes.

El libro tuvo que ser avanzado en su época, pues también lo resulta en la nuestra. Hemos evolucionado, sí, pero por supuesto, menos de lo que a la literatura le hubiera gustado. Ella siempre se encuentra unos pasos por delante de todo progreso a largo plazo. La liberalidad de la mujer y su libertad hasta extremos casi masculinos copan gran parte del argumento.

Es un libro que en 2015 conserva toda su esencia noventona, y hace a mi mente vivir momentos de aquella década en la que con morriña se hablaba, el que podía, de la inocencia de los setenta. Ahora tengo, en nuestro año, una sensación parecida a aquella. Y es que lo retro siempre está de moda, y como decía la canción precisamente de los setenta, cualquier tiempo pasado nos parece mejor.

Tiene también un importante componente, un importante peso, para esos lectores exigentes que no sólo quieren encontrar en sus lecturas entretenimiento. La capacidad de transmitir algo más que abstracción es sus páginas es perceptible desde la primera. El consejo continuo para afrontar la difícil etapa de la madurez en cada uno de sus cortos capítulos lo hacen más idóneo que, sin ir más lejos, muchos libros de autoayuda.

Aunque haya podido hablar de la redundante puesta en escena de Un peso en el mundo en otras obras, y más cuando ese «padre» elegido se trata de un profesor de universidad como hizo Mitch Albom en Martes con mi viejo profesor, no he podido dejar de sentir algo especial. Y es, yo creo, la cercanía que produce siempre leer a un autor nacional. Es la sensación de que esa ficción puede ser realidad no muy lejos de aquí, de este diminuto espacio en el que mantengo el libro abierto entre las manos.

Jesús Rojas





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