lunes, 15 de mayo de 2017

La microguerra de todos los tiempos, Andrés Barba

Año: 2015
Editorial: Siruela
Páginas: 96
Valoración: 📚📚📚

Leer literatura infantil y juvenil desde el bagaje lector adulto podría parecer que resta interés a un texto que, a priori, no se dirige a ese lector que dejó atrás hace años esa etapa de su vida. Falso. Creo que estamos deseando reencontrarnos con esas lecturas de la infancia que nos permiten volver al recuerdo del lector que fuimos. Leer lo que leímos de pequeños, darnos el lujos de sumergirnos en una aventura que querríamos protagonizar, como los personajes de este cuento. Dos niños, Mara y Manuel, que son los verdaderos héroes de esta historia y a los que ni el miedo, ni la incertidumbre les detiene.

En Gombronia, el reloj de pueblo se ha estropeado. La confusión y el desasosiego reina entre sus habitantes. Solo hay un modo de saber qué ha sucedido: entrar en el reloj. Pero ¿quién o quiénes serán capaces de atreverse a una misión semejante? Mara, la niña que ama cantar sobre todas las cosas tanto como teme crecer y Manuel, un chico que no sabe dejar de correr para llegar a cualquier sitio.

Lo que encontrarán dentro del reloj y la aventura que vivirán les cambiará para siempre: a ellos y a los habitantes de Gombronia. Una lucha entre los ejércitos de ayer, hoy y mañana se libra dentro del artefacto. El tiempo en plena guerra consigo mismo.

Andrés Barba (Madrid, 1975) nos gana con esta historia que bien pueden disfrutar los lectores a partir de siete años. Ampliamente premiado, este novelista, guionista, traductor, fotógrafo y ensayista ha sido traducido a una docena de idiomas y seleccionado en la Revista Granta como uno de los jóvenes escritores más importantes en habla hispana.

Un texto imaginativo, entretenido, amable y bien escrito que además está bellamente ilustrado por Rafa Vivas. Con el ritmo y la gracia necesarias para que ese lector ávido, e impaciente a veces, que desea que no dejen de suceder cosas página tras página, encuentre lo que busca y además de divertirse aprenda una valiosa lección. Y es que para ganar el tiempo hay que saber perderlo. Hagan caso, que de esto sabe un rato el relojero italiano Somato Frantantoni.


Ana Doménech

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