miércoles, 17 de mayo de 2017

Pecado, Laura Restrepo



Año: 2016
Editorial: Alfaguara
Páginas: 347
Valoración: 📚📚📚📚

Pensaba que me iba a encontrar con una novela, y lo que he leído ha sido un libro de relatos.

Dos mil dieciséis fue el año de El Bosco, y a falta de una historia única que lo venerara, Laura Restrepo nos trae ocho relatos que giran alrededor de El jardín de las delicias.

Voy a intentar sintetizar en este artículo todas mis opiniones sobre esta recopilación de narraciones, pues cada una merecería una reseña aparte, y puedo aseguraros que, de dedicárselas, serían alusiones muy buenas todas ellas.

Pecado ha sido «mi primer Laura Restrepo», y he encontrado una diversidad temática en los relatos, más rica de la que esperaba encontrar, tras venir apercibido por las palabras de García Márquez sobre la fascinación de Restrepo por la cultura popular.

Laura Restrepo no es solo cultura popular, y aunque hace alarde de ella en alguno de sus relatos, por ejemplo en el de El Siríaco, me quedo primeramente con otros relatos que se mantienen al margen de esta catalogación como son Peccata mundi u Olor a rosas invisibles.

En el primero de ellos, en Peccata mundi –que es el relato principal del libro y cuenta con una segunda parte a modo de epílogo–, habla de tres hermanas –Alma, Diana e Irina–, que son conocidas como las Susanas, y el llamarlas Susana Grande, Susana del Medio y Susana Chica respectivamente, evita la redundancia de sus nombres en partes de la narración, haciéndolo, Laura Restrepo, con una naturalidad exquisita que me ha encantado.

Las tramas de estos relatos están repletas de adulterios y otras maldades, incluyendo a veces la truculencia o el incesto, a modo de morboso compendio de seducciones para los lectores, en los que debe primar, por encima de todo, y lo que hace recomendable esta lectura, la prosa de Laura Restrepo, y esos recursos literarios de los que he mencionado un pequeño ejemplo.

Laura Restrepo hace un ejercicio literario tremendo al unir estas historias a un cuadro concreto de El Bosco, y ha conseguido que fácilmente podamos recordar al pintor en ellas, aunque, directamente, en algunas, no llega a referirse al cuadro. Para encontrar esa cohesión existente, no hace falta entender de pintura, sino simplemente visualizar El jardín de las delicias, y dejarse llevar por el disfrute de la lectura.


Jesús Rojas

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