lunes, 26 de junio de 2017

Entrevista a Eduardo Lago (Autor de 'Llámame Brooklyn')

Eduardo Lago


Buenos días, Eduardo.

Quiero comenzar la entrevista agradeciéndole que haya tenido a bien concedérnosla, y, sobre todo, dándole la enhorabuena por la edición revisada de su ópera prima que tanto me ha gustado, sin perder de vista ese prólogo dedicado a la gestación de la novela, que recoge desde que surge la idea, hasta que la publicación es un éxito consumado. Es todo un honor para mí entrevistarle, y conocer –y dar a conocer a los lectores de relibro blog– un poco más, si cabe, a Eduardo Lago.

J. R.: En el prólogo se ha contado como un altruista escritor pasa del anonimato a ser Premio Nadal de la noche a la mañana. Además del sueño americano, usted ha cumplido el sueño literario español. En un momento en que hay tanta controversia y polémica por los premios comerciales, ¿piensa que mantienen en 2016 la misma pureza que tenían en 2006?
E. L.: No creo que las cosas sean esencialmente distintas a cómo eran hace diez años; los premios siempre han despertado suspicacia, y hay de todo. Muchas veces se premia de manera honesta, ahora como antes.

J. R.: Los galardonados con el Nadal, suelen ser reincidentes en lo de a ganar premios literarios se refiere. En usted, sin embargo, eso no lo hemos visto. Tanto con anterioridad como con posterioridad a aquel Premio Nadal de 2006, ¿ha concurrido a otros certámenes literarios? ¿Con qué suerte en cada uno de ellos?
E. L.: No he concurrido a ningún premio. A mi primera novela le concedieron varios premios: el Nacional de la Crítica, el Ciudad de Barcelona y el de la Fundación Lara en la modalidad crítica. Eso ha sido todo.

J. R.: Voy a aprovechar que la entrevista es un a Premio Nadal, para pedirle la recomendación de alguna novela premiada con este galardón. No vale la suya, claro. De las que ha leído, tanto ganadoras, como finalistas, como Franciscos Casavellas, ¿cuál ha sido la que más le ha gustado?
E. L.: Los que más me han impactado son Nada, de Carmen Laforet, que fue el primero, y El Jarama, de Sánchez Ferlosio, que lo ganó en 1951.

J. R.: Llámame Brooklyn no es una novela sencilla. Fue escrita por un novelista novel, pero no iba dirigida a un lector novato. Pero, a usted, tanto como escritor como lector, ¿son su predilección las novelas de estructura tan compleja? Le hago esta pregunta sin haber leído Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, su segunda novela. Tal vez cambiara de opinión en cuanto a su sencillez.
E. L.: Es una primera novela pública, pero había muchos años de escritura precediéndola, en ese sentido no cabe hablar de autor novel, en el sentido de que había un estilo forjado, y un claro sentido de la escritura. No sé qué a quien te refieres cuando hablas de lectores novatos, ¿lectores que no tienen experiencia? La estructura responde a las necesidades intrínsecas del relato, si cuento la misma historia de manera lineal, hubiera necesitado mil páginas. Inventé una estructura ágil, que exige agilidad mental a quien se acerque, lectores alerta. Las críticas de Aurora Lee han resaltado una clara continuidad entre mis dos novelas, en cuanto a aspectos de la trama (la conclusión de un manuscrito inacabado) y la investigación en cuanto al lenguaje y la estructura y lo que es la literatura en sí; pero lo fundamental sigue siendo el placer de narrar.

J. R.: Nuestra Guerra Civil está muy presente en Llámame Brooklyn, y es un contexto muy recurrido en la novela española de los últimos 80 años. ¿Hay algún motivo o aliciente especial en Eduardo Lago para haberlo elegido así?
E. L.: El tema vino a mí sin habérmelo propuesto, se impuso y yo me limité a obedecer la señal que me llegaba. La guerra me proporcionó un vínculo entre los dos países en que vivo, España y Estados Unidos. Lo encontré en la Brigada Lincoln, que vino a España a luchar contra el fascismo. Una de las funciones principales de la novela es tratar de encontrar sentido en la historia. Lo de la guerra civil más que una moda es un episodio que exige ser esclarecido en sus aspectos morales más íntimos. Habrá quien se acerque al asunto utilizando sus posibilidades comerciales, pero la mayoría lo hacen respondiendo a una necesidad, que en mi caso fue no buscada.

J. R.: Explica en el prólogo el origen de algunos personajes secundarios, pero no el de Nestor, su narrador. ¿Hay algo en él de Eduardo Lago? ¿O solo es la voz en off que nos cuenta la vida de Gal Ackerman? ¿Algún personaje recoge alguna faceta de Eduardo Lago?
E. L.: El personaje de Néstor fue el más difícil en cuanto a su creación, y, de hecho, probablemente fue lo que hizo que fuera tan largo el proceso de gestación de la novela. Es el que sostiene todo el armazón: el que hereda el destino de Gal, cumpliendo su deseo de dar forma a una novela. Simboliza un cambio generacional también. Es una segunda mirada que complementa a la primera, el punto de articulación dialógica de todo el relato.
Tuve que esperar muchos años hasta que me reveló su verdadera identidad, su carácter, su historia incluso. No tiene que ver con mi biografía. De manera difusa, mis preocupaciones se reparten entre Gal y Néstor, en el sentido que ambos abarcan la amplitud de una vida muy dilatada. El arco temporal de la novela abarca un siglo.

J. R.: Quiero preguntarle también por proyectos futuros. ¿Nos sorprenderá Eduardo Lago pronto con una tercera novela? ¿O tiene pensado algún otro tipo de publicación?
E. L.: Tengo multitud de proyectos, consecuencia de haber escrito sin pensar en publicar de manera estratégica. Estoy reuniendo un libro de cuentos, que incluiría relatos publicados en revistas y antologías y alguno nuevo. Asimismo, estoy reuniendo un volumen de ensayos literarios. Debería de una vez recopilar mis entrevistas. Acabo de iniciar el proyecto de una edición panhispánica del Ulises, consistente en fragmentar el texto y hacer que lo traduzcan por segmentos todos los países hispanohablantes. Y dentro de unos días quiero volver a la Isla de Selkirk, que aparece en Aurora Lee, para continuar recopilando un material que empecé a recoger hace más de un año, en un viaje que hice allí. Cuando lo haya reunido quiero viajar a Lisboa, Berlín y la isla de Hydra, en Grecia, para armar un texto híbrido que será en parte una novela.

J. R.: Aprovechando esta última pregunta que mira al futuro, voy a terminar la entrevista con otra que invita al ensueño. Después, le voy a pedir que, por favor, nos dedique una breve despedida. ¿Se imagina alguna vez repitiendo el éxito de Llámame Brooklyn? Mil gracias por dedicarnos este rato, Eduardo.
E. L.: Al despedirme quiero dirigirme a los jóvenes, en cuyas manos está cambiar el curso de la literatura, encontrando formas nuevas y abriendo caminos. El éxito es algo que sucede o no sucede. No sé qué me deparará el futuro, pero el objetivo de mi escritura no es alcanzarlo, como tampoco es el éxito la medida del valor de lo que uno hace. Éxito y logro artístico no son sinónimos. Pueden o no pueden coincidir. La notoriedad puede ser dañina, y al menos en este momento prefiero estar lejos de eso, aunque uno no tiene el menor control sobre esas cosas. Lo importante, si llega es seguir siendo fiel a uno mismo y a su obra, que es también lo único que importa si uno trabaja felizmente en la intimidad, que es como me siento yo ahora mismo.

Portada de Malpaso para 'Llámame Brooklyn' tanto en España como en México

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