lunes, 31 de julio de 2017

La vida iba en serio, Jorge Javier Vázquez

Año: 2012
Editorial: Planeta
Páginas: 256
Valoración: 📚📚📚

En el libro que narra en primera persona su vida, Jorge Javier Vázquez (Badalona, 1970), cogió para el título parte de uno de los versos más famosos del poeta Jaime Gil de Biedma: La vida iba en serio. Un título, por otro lado, muy apropiado. La vida para Jorge Javier es algo serio, así lo escribe, y homenajea a un grande de las letras que, además de paisano suyo, encontró, en su momento, dificultades parecidas.

Jorge Javier Vázquez se da cuenta muy pronto de que es diferente, que no es como los demás. Se acaba describiendo como un auténtico «Manolito Gafotas» a lo badalonés y amanerado, encuadrado por naturaleza en un minoritario colectivo no aceptado por gran parte de la sociedad. Desde niño, su existencia fue una huida constante; primero una evasión en sí mismo para subsistir en un entorno poco halagüeño, y después una marcha física lejos de sus orígenes donde poder encontrar un hueco a su medida.

Antes del presentador mediático de TV que llevamos conociendo de la mano de Telecinco desde hace más de una década, existió un Jorge Javier que recorrió la noche de los barrios céntricos del viejo y libertino Madrid. Un Madrid bohemio, poco recomendable para personas decentes, que es imaginado como el centro de vanguardias del país por todo aquel que no es de allí. Algo así le sucedió a Jorge Javier. Vivir en Madrid le va a llevar al límite de toda una serie de experiencias íntimas autodestructivas.

La vida iba en serio son recuerdos de un incomprendido que consigue llegar a su meta luchando contra los elementos. La historia de quien partiendo del anonimato alcanza el estrellato televisivo habiendo reencarnado en su travesía particular a personajes novelados por autoras como Almudena Grandes y Lucía Etxebarría. En las páginas de La vida iba en serio están escritas las letras de un hombre-novela.


Jesús Rojas
Jorge Javier Vázquez

viernes, 28 de julio de 2017

La resta, Alia Trabucco Zerán



Año: 2014
Editorial: Demipage
Páginas: 285 páginas
Valoración: 📚📚📚📚📚


Hablé en alguna ocasión del importante referente que es en nuestro país la Editorial Periférica para conocer actuales autores hispanoamericanos. Puedo decir en este escrito que no es el único.

La reciente iniciativa de El mapa de las lenguas desarrollada por el Grupo Penguin Random House, y las numerosas publicaciones vigentes en el catálogo de Demipage –editorial dedicada a las letras contemporáneas de España, Francia y Latinoamérica, mis tres favoritas-, son otras dos estrellas polares que guían al lector español al conocimiento de lo que sus hermanos de América escriben.

La lectura de esta novela para alguien como yo, e imagino que para la mayor parte de lectores de este lado del Atlántico, permite percibir la frescura de unas letras recién atracadas, pero puede significar poco representativa la información dada en la contraportada ante el tesoro que realmente encierra el libro.

El aire postrevolucionario acoplado a la repatriación del cadáver de una exiliada política no es más que el telón de fondo del auténtico libro de viajes, o mejor dicho «de viaje», que realmente es La resta. Para un lector desvinculado de la historia de Chile, la novela versará de un apasionante periplo por Los Andes para unir Santiago con Mendoza (Argentina), a los mandos de un coche fúnebre.

La ficción en el viaje la pondrán los propios personajes, que a su vez serán los encargados de llevar una narración a dos bandas en tiempo real, contada por dos de ellos. La novela nos revelará sobre todo la figura de Felipe, que psicótico e iracundo, vivirá obsesionado por la idea de llegar a cero en una operación matemática que será desvelada desde el principio. Felipe irá descontando a la totalidad de los vivos los que van muriendo.

Alia Trabucco Zerán (Santiago de Chile, 1983), entre otra formación universitaria relacionada con las letras, es titulada en derecho, y como trabajo personal a disposición del lector, además de sus escritos, es editora de ficción en el sello independiente Brutas Editoras. Es uno de los grandes valores de la literatura hispanoamericana actual, en la que sin duda está desatándose un nuevo boom, siendo La resta y, como no, la propia Alia Trabucco, dos inmejorables estandartes.


Jesús Rojas

Alia Trabucco Zerán

jueves, 27 de julio de 2017

El tiempo. Todo. Locura, Mónica Carrillo


Año: 2017
Editorial: Planeta
Páginas: 431
Valoración: 📚📚📚

Mónica Carrillo (Elche, 1976) al titular un nuevo libro suyo ha vuelto a recurrir al juego de palabras. El tiempo. Todo. Locura es lo último que ha llegado de ella y nuevamente lo ha hecho con la Editorial Planeta de mecenas. La novedad ha sido que, en esta ocasión, lo publicado no es una novela sino un extenso poemario.

Desde hace varios años, Mónica Carrillo es una figura pública que, al que más y al que menos, verla por televisión desata el comentario de «me suena su cara». Máxime si ese reconocimiento facial se hace con el televisor apagado y «el twitter encendido». Su perfil en esta red social supera los cuatrocientos mil seguidores, y en el mundillo literario de los 140 caracteres son muy populares sus «microcuentos». Su último libro, este del que os hablo, es la recopilación de un buen número de tuits de la presentadora.

En El tiempo. Todo. Locura, a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas, hay recopiladas alrededor de doscientas poesías de distinta extensión y número de versos, siempre que no supere el tope establecido por twitter. En ese limitado espacio, Mónica Carrillo es capaz de hacer literatura, y, aun desatenta con la rima y la métrica, introduce abundantes figuras literarias en sus composiciones, donde son frecuentes las anáforas:

Recuérdame
cuando me veas
que me fui
Recuérdame
cuando te vea
que lo prometí
Recuérdame
cuando sea
Recuérdame,
tú a mí.

El contenido amoroso está presente, me atrevería a decir, en todas las creaciones, pero obviando algunos poemas de diario de quinceañera, que también los tiene, predomina la madurez en su inventiva.

Tiene poemas chocantes:

Aquello duró mucho
Demasiado
Hasta que me cansé de fingir los sarcasmos

Alguno, como digo, algo más ñoño:

Y llegó la temporada de tormentas
Y mi tormento

Otros que, no sé por qué, me han recordado a los que escribía Gloria Fuertes:

Tenía de todo
rabia y consuelo
velas y viento
ascuas y fuego
Tenía de todo
a favor, el tiempo
Tenía de todo
menos remedio

Y hasta uno que versiona a Neruda:

Me gusta cuando callas porque estás como ausente
Me gusta cuando callas porque estás
Me gusta cuando, calla
Me gustas. Y ya

En general es un contenido simpático, para todos los públicos y que, como su contraportada dice, tiene distintos modos de ser leído: a pequeños sorbos o de manera compulsiva. Yo reconozco que he tenido ratos de los dos tipos.

Para despedir la reseña, comparto el poema que más me ha gustado:

Recuerdo que un día no me fijé en los detalles
Tu olor, tu gesto, ni esa bufanda gris
Era 20, enero
Pero, ya ves, no me acuerdo


Jesús Rojas


miércoles, 26 de julio de 2017

El cuervo a través del cristal, Carlos Meneses


Año: 2017
Editorial: Sloper
Páginas: 218
Valoración: 📚📚📚📚

La escritura de Carlos Meneses (Mallorca, 1969) que había tenido ocasión de conocer hasta hora, gracias a Sabor a proteína humana, era una de esas libres y sin ataduras –y en la libertad tiene el encanto–, que en El cuervo a través del cristal ha sabido mantenerse fiel a su freestyle sin perder un metro de vuelo. Se trata de una novela policíaca que parece más negra que de polis, y que si algo no conoce es la censura.

Carlos Meneses Nebot escribe sobre la mala investigación policial y no precisamente porque sea deficiente. Víctor Aguirre es el inspector encargado de llevar el caso de un chapero muerto mientras ejercía su profesión en la casa de un acomodado matrimonio, y no dudará en actuar sin escrúpulos, tanto si ese proceder como si no, facilitará el esclarecimiento del crimen.

Con el transcurso de las páginas del libro, a la muerte del prostituto se le suman unas cuantas más de otros miembros pertenecientes a los bajos estratos de la ciudad. Nada de extrañar cuando la realidad que tenemos en frente es la de un asesino en serie. En medio de esta vorágine, Víctor Aguirre conoce a Sabrina Arminio, que es sospechosa y una bomba sexual por la que el inspector quedará prendado desde el primer momento. El empecinamiento de Víctor Aguirre por ella, lejos de dificultar la investigación, la facilitará hasta límites insospechados.

Carlos Meneses en El cuervo a través del cristal es capaz de escribir el arte del crimen con la misma maestría que la ciencia ficción en Sabor a proteína humana, y aunque la conducta de su inspector pueda recordar a la de Santiago Segura en las películas de Torrente, Víctor Aguirre tiene la genuidad intrínseca que las letras de Meneses pueden conferir a un personaje.

No voy a negar que a Meneses me gusta verlo en camisas distintas a la novela negra, pero me sucede con todos los autores. Lo que sí que no empaña la decisión de género tomada para esta novela, es la certeza de que el mallorquín es uno de los mejores escritores españoles del momento.


Jesús Rojas

Carlos Meneses Nebot

martes, 25 de julio de 2017

Nadando a casa, Deborah Levy

Año: 2015
Editorial: Siruela
Páginas: 164
Valoración: 📚📚📚📚

Anuncié la llegada de la reseña de esta novela en un especial veraniego de melibro, diciendo que su portada no podía ser más estival, y así ha sido también por dentro.

Como lo que ocurre en el post «El día de hoy en un libro» del famoso foro literario, me he sentido al encontrarme leyendo Nadando a casa de Deborah Levy (Sudáfrica, 1959). Según avanzaba sus páginas, me iban hablando de un julio vacacional en un retiro de Europa Occidental, que al mismo tiempo iba viviendo yo, de forma más cálida, a orillas del Mediterráneo. Y es que, orígenes sudafricanos aparte, me ha resultado una novela muy nuestra, europea.

La fisionomía anglosajona de Deborah Levy que pude apreciar en la solapa de la encuadernación nada más abrir el libro, hacían presagiar el rezume de una cultura inglesa por doquier, y así fue.

En un complejo turístico de idílica belleza de la Galia, existe, en los atemporales años 90, un lugar de aislamiento para un escritor de fama y acaudalado. Allí, en ese entorno que el lector imaginará setentón sino anterior, anacrónico en cualquier caso, ese julio no va a ser uno cualquiera. Una extraña aparición en la piscina lo cambiará todo. La chica desnuda que emergerá, se hará la tímida sólo al principio.

Deborah Levy ha pretendido concebir una situación verosímil. Ciertamente creíble dispensando la locura atribuida a Kitty, la chica de la piscina, pero lo imaginado no ha sido una realidad, sino una utopía. Kity Finch hace una barbaridad por acercarse a un ídolo, es toda una fan, y lo único que lamento es que el fanatismo por un escritor apenas ocurre fuera de la ficción.

En el europeísmo, Deborah Levy también lleva el conservadurismo, pues, yo creo que para bien, no ha inventado nada, ni se ha enredado en esmeradas (y molestas a veces) descripciones. Ha procurado una narración fácil y directa, aunque con más argumentos para ser disfrutada cuanto más instruido sea el lector. Le ha salido una novela veraniega y resultona, ideal para estos días de calor.


Jesús Rojas

Deborah Levy



lunes, 24 de julio de 2017

Las lágrimas de Claire Jones, Berna González Harbour


Año: 2017
Editorial: Destino
Páginas: 350
Valoración: 📚📚

Escribía hace no muchas reseñas recuperadas en Relibro que «cuando un lector como yo lee, en estos años que corren, novela negra, quiere encontrar algo diferente». Sin embargo, en Las lágrimas de Claire Jones no lo he encontrado.

Berna González Harbour (Santander, 1965) plantea una novela negra de catálogo con un fuerte olor al subgénero del femicrime que autoras como Alicia Giménez Bartlett y Dolores Redondo han popularizado. Aunque, en este caso, afortunadamente, en su lectura, no se me han presentado los fantasmas del aburrimiento que me impidieron terminar de leer Nadie quiere saber.

La comisaria María Ruiz –nombre «sencillote» en comparación con Petra Delicado y Amaia Salazar– lidera una saga que suma tres novelas con Las lágrimas de Claire Jones, y que no conocer sus antecesoras no impide la compresión de esta. De hecho, yo, que no me documenté lo necesario antes de empezar a leerla, no tuve dificultad en entenderla desde el principio, y si no llega a ser por vagas referencias durante el transcurso de la novela al resto de la colección, no me habría percatado de la existencia de una saga.

Además de un caso añejo llamado Limorti que debió tener relevancia en los libros anteriores –y del que apenas habrá avances en este–, la trama se centra en el fortuito hallazgo de un cuerpo sin vida en el maletero de un coche aparcado en Santander. Junto a él, en el mismo vehículo, reposa un ejemplar del diario Times del 15 de octubre de 1998 con una noticia recortada.

Ese último recurso me ha gustado, y además ha sido muy bien aprovechado. Berna González le da un toque noventero a la novela desde el principio, y también incluye saltos en el tiempo que nos remonta a fechas anteriores. Tipifica, para estos contextos temporales, a sus personajes con etiquetas de malos y buenos, y los cándidos, como es habitual, son los que más sufren.

Le voy a dar dos montoncitos de libros a la novela en su valoración, porque os puedo asegurar que dentro del subgénero del femicrime es lo más potable que se está publicando en España, pero si no eres seguidor de la novela negra y lo único que sucede es que a veces caes en la tentación de leerla por la pegada que está teniendo, Las lágrimas de Claire Jones no es tu libro pues es más negro que un tizón.



Jesús Rojas

viernes, 21 de julio de 2017

La desaparición del paisaje, Maximiliano Barrientos



Año: 2015
Editorial: Periférica
Páginas: 272
Valoración: 📚📚📚📚📚

Stieg Larsson tuvo, entre otros infortunios, presenciar una agresión sexual a muy temprana edad que marcó el resto de su vida. Consecuencia de ello fue encontrar en la famosa trilogía del sueco a su inmadura coprotagonista, rebelde sin causa, cuyas acciones y actitudes traspasaron lo ridículo y absurdo. Pero esa ya es otra historia.

Maximiliano Barrientos (Bolivia, 1979), a diferencia del bestsellero póstumo escandinavo, sí es capaz de argumentar difíciles comportamientos humanos.

La desaparición del paisaje tiene como punto de partida una altruista venganza, apetitosa, muchos años después de una violación. Hombres que quieren pelear, romper cosas y humillar a otros para sentirse sólidos por dentro, provocan una melé y tantas como sus puños necesiten para saciarse. Sin tener más argumentos que esos, un pendenciero combatiente se cree en el derecho de originar infinidad de trifulcas. Vitor, el protagonista de la novela, así lo piensa y ejecuta. Su psicología queda confundida por la de cualquier vulgar camorrista de taberna.

Aunque en esta novela boliviana de peleas al más puro estilo western, también es tratado el sentimiento más adverso que puede existir al odio: el amor.

Decía otro sudamericano, cierto que de origen francés, Carlos Gardel, en una de sus más conocidas canciones, Volver, que «siempre se vuelve al primer amor». El peleón Vitor, en su pugilística vida, tiene hueco para las mujeres, y no es por eso, en absoluto, un mujeriego. Sólo es hombre de una de ellas, y el destino, después de separarles, tendrá el detalle de volverlos a acercar. Este tema, como el de las refriegas, es atendido sin ñoñerías. La desaparición del paisaje en ningún momento es una historia dura. Cruel, incluso.

La novela me ha recordado a películas del Nuevo Mundo Latino de paredes cochambrosas mal iluminadas en casas habitadas por actores humildemente vestidos con ropas de verano. Filmes que con frecuencia aparecen nominados en los Goyas en la sección de mejor película hispanoamericana, y cuyas secuencias enseñadas en la gala son las únicas que veremos de ellas. Producciones que habitualmente cuestan llegar al receptor, -al igual que esta novela, que aún no se ha publicado en su Bolivia natal-, y que forman un todo artístico altamente recomendable. Parte de nuestra cultura.


Jesús Rojas

Maximiliano Barrientos