miércoles, 12 de julio de 2017

El cuento del cortador de bambú, Anónimo


Año: 2014
Editorial: Chidori Books
Formato digital
Traducción: Iván Hernández Núñez
Valoración: 📚📚📚

El cuento del cortador de bambú (Taketori monogatari) es una pieza clave en la historia de la literatura japonesa. Esta obra que aparece en el año 909 pertenece al llamado periodo Heian (794-1185), en el que el empleo del sistema silábico kana se normaliza en las composiciones literarias y la lengua vernácula, el japonés, se introduce en la literatura.

Dentro de los monogatari (cuentos), este texto pertenecería a uno de los subgéneros, aquel que contiene hechos fantásticos, como es el caso de El cuento del cortador de bambú. Sirva esta breve introducción para situar al lector en el contexto de la obra (se lee con interés el prólogo del traductor al respecto). Lo cierto es que para disfrutar de este precioso cuento, no resulta necesario profundizar más, porque el texto se lee como lo que es: un cuento fantástico protagonizado por una princesa y sus pretendientes.

La historia comienza cuando un leñador encuentra en el interior de una caña de bambú a una niña de apenas un palmo de estatura. La princesa Kaguya se convertirá en adulta en tres meses y su belleza hará que muchos sean los pretendientes que deseen desposarla, pero Kaguya se resiste a abandonar la casa paterna para irse con cualquiera de los que se presentan a pedir su mano. Los cinco que tras soportar los desplantes de la joven siguen sin renunciar a conquistarla, deberán cumplir con la misión que Kaguya les encarga: conseguir cinco objetos de muy diversa índole. Aquel que sea capaz de volver a la mansión del leñador con el objeto que la princesa le solicita se convertirá en su esposo. Sin embargo, los objetos que demanda Kaguya hacen que el éxito en la empresa sea misión imposible y  los candidatos se sirven de  todas las argucias posibles para no volver con las manos vacías. Ni los engaños mejor urdidos, las réplicas más logradas o los mercaderes más avispados se escapan a la astucia de Kaguya.

La belleza de la muchacha sigue siendo un enigma para aquellos que no viven con ella. Ni el emperador será capaz de renunciar a admirar el rostro de la princesa, aunque para ello deba presentarse en la mansión del leñador. Sin embargo, la especial naturaleza de la joven no permite que este disfrute de su apariencia humana durante algo más que unos pocos segundos. No será necesario más tiempo para que este quede fascinado por su belleza, olvidando al resto de mujeres de la corte. Pero, como ya hemos dicho, Kaguya no es de naturaleza humana y deberá regresar al lugar al que pertenece. No desvelemos más.

Ana Doménech

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