lunes, 17 de julio de 2017

El gran misterio de Bow, Israel Zangwill



Año: 2015
Editorial: Ardicia
Páginas: 208
Traducción: Ana Lorenzo
Valoración: 📚📚📚

El gran misterio de Bow (1892) es uno de esos libros que divierte y entretiene desde la primera página. El lector entra en el juego sin esfuerzo y a lo largo de toda la novela elabora su propia teoría sobre el asesinato del pobre Arthur Constant. 

Pero ¿qué tiene de particular este texto? Pues que forma parte de la tradición de los relatos detectivescos de "cuarto cerrado", como Los crímenes de la calle Morgue (1841) de Edgar Allan Poe o El misterio del cuarto amarillo (1907) de Gastón Leroux. Una habitación cerrada a cal y canto a la que no se ha podido acceder de ningún modo para cometer el asesinato, pero tan claro como esto la evidencia de que no se trata de un suicidio.

La señora Drabdump, sospecha que a su inquilino algo le ha sucedido porque, por más que insiste en despertarle, este parece sumido en un sueño inquietantemente profundo. El día ha amanecido con una niebla densa que desdibuja el paisaje del distrito de Bow, pero la señora Drabdump sabe muy bien dónde tiene que acudir en busca de ayuda. El detective retirado Grodman, en pijama y con gorro de dormir, se hace al ánimo de acompañar a la mujer a ver qué sucede con el bello durmiente.

Y sí, los peores augurios de la casera se han cumplido. El hombre que hay dentro de la habitación está muerto, degollado. Empieza la historia. Ni asesinato ni suicidio, esa es la paradoja. Si nadie pudo entrar a su habitación, nadie pudo asesinarlo. Y el suicidio queda descartado bajo la lógica aplastante de que el arma para cometerlo no aparece por ningún lado y la maniobra para degollarse a sí mismo del pobre Arthur Constant resulta de todo punto imposible. A eso se suma que el joven filántropo fallecido no tenía ningún motivo para acabar con su vida. 

A partir de aquí, hagan sus apuestas. Todo el mundo tiene algo que decir sobre este tema. Unos parece que con con más criterio que otros. Grodman está jubilado, pero él realiza su propia investigación, al margen de las averiguaciones que Wimp, el detective en funciones, lleva a cabo para resolver el misterio que tiene en vilo a toda la región y a los diarios sensacionalistas ocupados con las teorías más surrealistas.

La galería de personajes que Zangwill crea son diversos. Aquí, la prosaica casera, el zapatero que dice de sí mismo que solo es "un hombre sencillo" y el poeta bígamo y caradura que filosofa sobre la inutilidad de lo bello se mezclan para regocijo del lector, dando como resultado diálogos cargados de humor. Las declaraciones de la señora Drabdump en el juicio y los diálogos sobre la Verdad y la Belleza que mantienen el zapatero y el poeta no tienen desperdicio. El humor es constante en un texto que avanza a buen ritmo y que no permite que el lector se aburra. Y en medio de todo esto, Tom Mortlake, el líder sindical que junto con el fallecido es inquilino en Glover Street, en el punto de mira, su joven prometida desaparecida desde hace semanas y los obreros a punto de la revuelta para defender su inocencia. Scotland Yard y los jueces tienen trabajo.

Israel Zangwill (1864-1926), escritor británico de origen judío, trabajó como periodista y profesor. Escribió novelas y obras de teatro que gozaron de enorme éxito. Fue un activista del sionismo durante toda su vida.

Ardicia Editorial recupera a este autor que a través de variopintos personajes, sentido del humor y un enigma que debe resolverse a golpe de ingenio y lógica, consigue que el lector disfrute de una novela de detectives al más puro estilo inglés.

Ana Doménech

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